SOBRE “LA HIGUERA YOGA” Crónica de un nombre anunciado.

Difícil precisar cuándo fue que el nombre del estudio llegó a mi. Tengo la sensación de que “La Higuera” estaba esperando ser descubierta. Fue cuestión de unir las partes, dejarme guiar y seguir el recorrido hasta encontrarla. Algo así como seguir mi propio “hilo de Ariadna”.

Desde la primera vez que tuve conocimiento acerca del significado del Árbol de la Vida, sentí que era un símbolo cuya potencia resonaba en mi de un modo particular.
El árbol es un símbolo del eje y como tal conecta lo alto con lo bajo, el cielo con la tierra; y es por lo tanto vehículo de unión entre varios planos. Esto se halla representado por sus raíces subterráneas, su tronco aéreo y su copa celeste. Es muy importante el proceso del desarrollo del árbol que nace de una simple y pequeña semilla ,que sin embargo, contiene toda la posibilidad de la generación. Este proceso, en todas partes, es asimilado a una muerte y posterior resurrección pues tiene que morir la semilla, pudrirse en la tierra, para transformarse en árbol-vida.
El árbol expresa fuerza, vida, renovación, sabiduría, verdad, juventud, salud, lo sagrado, la inmortalidad, la fertilidad.
El árbol de la vida recoge la trayectoria vital del ser humano como un intrincado camino con múltiples intersecciones; una sucesión de anhelos que, en ocasiones, se ven realizados y definen la dirección que toma. El fin de la vida, la muerte, da sentido a la existencia.

“El árbol de la vida” (1909) de Gustav Klimt

Gustav Klint - el árbol de la vida

Supe que la elección del nombre del estudio iba a estar influida por este símbolo. Seguí el hilo conductor, quería encontrar cual era “mi propio árbol”. Recorde a Sidharta Gautama, quien según los textos budistas, se sentó debajo de una higuera durante semanas donde finalmente alcanzó la iluminación espiritual, se convirtirtió en Buda (el iluminado) y originó el budismo. La Higuera, se convirtió así en un símbolo de la meditación.

  • Seguí investigando un poco, y encontré; numerosas citas de La Higuera en distintas tradiciones de Oriente y de Occidente:
  • En el Antiguo Testamento se nombra repetidas veces a la higuera y siempre con el sentido de bienestar y prosperidad.
  • Para Jesucristo la higuera representa la ciencia, frente la fe. Cuando maldice a la higuera, proclama la superioridad de fe ante las leyes naturales y la ciencia, que no ofrecen fruto comestible.
  • En las tradiciones indoeuropeas, por ser el árbol del látex y por las innumerables semillas del fruto, se asocia frecuentemente a la higuera con los ritos de fecundación. Era el árbol consagrado a Dionisos, el dios helénico de la lujuria.
  • En la India es el árbol de Visnú y Shiva. Su culto se asocia con la serpiente que también simboliza la fuerza fecundante.
  • En el Norte de África el higo es sinónimo de fecundidad y más concretamente de testículo; tanto es así que para evitar nombrarlo, recurren a un eufemismo que sustituye el nombre del fruto, por el de la estación anual en la que madura.
  • La leyenda de la fundación de Roma relata que Rómulo y Remo eran alimentados por la loba a la sombra de una higuera.
  • Existía en la Grecia clásica un grupo místico: los sicofantes (de sykon, higo, y phaíneim, revelar: los reveladores del higo) que dirigían los cultos agrarios de la fecundidad de la tierra. Estudiando al higo y su formación conocían la regulación de los ciclos naturales.
  • En el antiguo Egipto, la higuera representa los ritos iniciáticos para los que se adentraban en los secretos de la religión.
  • La copa de una higuera le salvó la vida al poeta Rafael Alberti en el comienzo de la guerra civil española (julio de 1936), al ofrecerle un escondite entre sus ramas.
  • La Higuera sirvió de inspiración en la literatura. Encontramos poesías muy bellas de García Lorca, de Juana de Ibarbourou y fábulas como la del Castaño y la Higuera, de Leonardo da Vinci.

Y finalmente, guiada por el hilo de mi memoria, me vi, trepada en una inmensa Higuera, veranos eternos, tardes de campo, empachándome del dulce sabor de sus frutos . Había llegado al centro del laberinto y había encontrado el nombre.

Dolores Romera

 

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